
A
llegar la época de la Ilustración (siglo XVIII) nos encontramos con una sociedad que va cambiando su forma de pensar. Los ilustrados no son tan partidarios como sus antepasados de las cofradías, al considerarlas herederas del obscurantismo y superstición religiosos. Esta nueva forma de plantear la religiosidad popular hará que los gobernantes tomen medidas y dicten normas (en ocasiones escasamente respetadas) destinadas a fomentar el orden público y la compostura, sin exageraciones, durante los desfiles procesionales.
Y por si fuera poco, el siglo XIX no entrará con buen pie para el mundo cofrade malagueño. La invasión sufrida por parte de las tropas napoleónicas hará que el patrimonio cofrade sufra contínuos saqueos y que una buena parte de lo atesorado hasta entonces desaparezca en manos extranjeras. Pero, tras la Guerra de Independencia, un nuevo suceso resentirá las estructuras cofrades La desamortización eclesiástica propugnada por Mendizábal en 1.835 eliminará muchos conventos como tales, afectando lógicamente a Málaga. Las iglesias conventuales albergaron desde siglos atrás a un buen número de cofradías. De hecho, en la época barroca, algunas órdenes monásticas, como es el caso de la franciscana, se habían destacado por difundir determinadas devociones y en su interés por la fundación de cofradías penitenciales. El hecho de que los conventos desaparezcan hará que las cofradías deban plantearse nuevos templos en los que cobijar a sus imágenes y desde donde poder salir en Semana Santa. Y otro aspecto a destacar será la creación de cementerios municipales, lo cual hará que la función de mutua de entierros decaiga enormemente, al enterrarse a partir de ahora en espacios municipales destinados específicamente a este fín, aunque no olvidemos que las cofradías comprarán en los nuevos camposantos nichos y panteones para el descanso eterno de sus hermanos.
Los comienzos del siglo XX no serán excesivamente halagüeños. La crisis económica que se desata en esa época sobre Málaga (fracaso en la industria siderúrgica local, plaga de la filoxera que arrasa las viñas) afectará lógicamente a las cofradías, sobre todo a su nivel de ingresos. Esta delicada situación económica, que no permite a un buen número de hermandades realizar su anual salida penitencial, será el origen de la fundación, en 1921, de la AGRUPACION DE COFRADIAS DE SEMANA SANTA DE MALAGA, decana en nuestro país de dichas entidades. La función primordial de dicha Entidad, desde un primer momento fue el procurar el necesario apoyo económico que permitiese sufragar los gastos de las procesiones, sobre todo de las hermandades más necesitadas. Y será precisamente en los años 20 cuando nuestra Semana Santa comience a adquirir un gran auge. Junto a la vuelta a la escena cofrade de hermandades en decadencia en siglos anteriores, se fundarán nuevas fraternidades y se contará con el estímulo que supone la promoción de cara al turismo invernal del que por entonces ya nuestra Málaga disfrutaba. Las procesiones constituyen un atractivo más para el turista de la época, constituyendo sin duda alguna (tal y como sucede en la actualidad) una importantísima fuente de ingresos para la ciudad.